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Trigo y cebada: qué hacer frente a las enfermedades foliares

La primavera constituye un periodo crítico para los cultivos de trigo y cebada en función del requerimiento de agua que necesitan para su desarrollo. Ante la disponibilidad limitada de agua en las napas y con una mayor humedad en el ambiente, consecuencia de las precipitaciones de finales de agosto, desde el INTA, brindaron recomendaciones ante la aparición de enfermedades foliares.

En relación con el estado sanitario actual del trigo y la cebada en Buenos Aires, Lucrecia Couretot –especialista en fitopatología de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Pergamino – explicó: “La enfermedad prevalente en trigo es la roya amarilla, estriada o lineal -Puccinia striiformis f. sp. Tritic”, y detalló: “Se registraron muchas consultas por escapes y reinfecciones a los 7 o 10 días de la aplicación de fungicidas, sumado a Roya de la hoja o anaranjada –Puccinia triticina– que presenta alta incidencia en variedades susceptibles y con fallas en el control de fungicidas”.

Por otro lado, la especialista indicó que también se detectaron, en trigo, enfermedades como mancha amarilla –con baja incidencia– y necrosis en punta de hoja por frío y posterior entrada de bacterias

En cuanto al grado de afectación, “en trigo del 70 al 80 % de las variedades sembradas son susceptibles a roya amarilla y, también, a roya de la hoja. El área de trigo afectada por roya amarilla es muy importante”, afirmó.

En cuanto a cebada, Couretot señaló que “la enfermedad prevalente es mancha en red con alta incidencia y también hay inicios de mancha de red tipo spot – Drechslera teres fsp teres y Drechslera teres fsp maculata–”. Además, comentó que el manchado fisiológico en cebada puede estar asociado a aspectos nutricionales, por deficiencias o excesos, por lo general, relacionados a factores abióticos y en algunas variedades en particular. Por esto, se recomienda consultar en cada caso y realizar diagnósticos precisos.

En función de las previsiones climáticas, la especialista indico que, a partir de los pronósticos, se infiere que el ambiente estaría más favorable para la evolución y el desarrollo de royas a partir de la formación de rocío y las altas horas de mojado foliar.

Para detectar la presencia de estas enfermedades en los cultivos y evaluarlos “hay que analizar las hojas desplegadas y obtener un número concreto de incidencia. En el caso de la incidencia –o sea hojas enfermas sobre el total analizada en una muestra–, en royas se observa al menos una pústula y en manchas, cuando hay una de al menos dos milímetros de longitud”.

Couretot afirmó: “Los monitoreos deben comenzar desde la emergencia del cultivo, con una frecuencia cada siete días y, de detectarse pústulas, hay que realizarlos con más frecuencia”. En este sentido, se recomienda “cuantificar la situación del tallo principal y tomando como parámetro las hojas con lígula visible y más del 30 % del área verde”.

El criterio de manejo de roya amarilla incluye varios factores, el comportamiento sanitario de la variedad, monitoreo temprano, rendimiento potencial del cultivo y las condiciones climáticas ocurridas y pronosticadas y estadio del cultivo. Este último nos indicara elección del fungicida a utilizar dependiendo hojas a proteger del cultivo.

Los umbrales de acción son orientativos y dependen de cada lote en particular, para variedades susceptibles se recomienda aplicación de fungicidas antes la aparición de los primeros síntomas.

“Estudios mostraron que, en roya amarrilla, por cada 1 % de incremento de la severidad, se pierden entre 53 y 74 kilos por hectárea. En roya de la hoja, 40 kilos y en roya del tallo, 70 kilos respectivamente”, puntualizó Couretot.

Para más información: couretot.lucrecia@inta.gob.ar

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