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01-08-18 | Clarín rural

En el trigo, hay que levantar la guardia contra la roya amarilla

La campaña pasada esta enfermedad afectó 3 millones de hectáreas. El fitopatólogo Marcelo Carmona recomienda monitoreos tempranos y ofrece una "solución fácil".

La campaña pasada sorprendió el regreso inesperado de una enfermedad que puede generar pérdidas contundentes en trigo pero (si se quiere el lado bueno) es de fácil control.

“Fue un año (2017/18) con mucha presión de inóculo de roya amarilla, con casi 3 millones de hectáreas afectadas con una enfermedad que no aparecía desde 1930 con lo que sorprendió a muchos productores”, repasó el fitopatólogo de la Facultad de Agronomía de la UBA, Marcelo Carmona.

La campaña pasada hubieron pérdidas de hasta 3 o 4 toneladas por roya amarilla. “Estamos hablando de una pérdida exagerada pero los investigadores en todo el mundo la han sindicado como las enfermedades más agresivas y que más daños provocan en el trigo”.

Al describirla, Carmona recuerda que aparece en manchones, lo que a veces dificulta la toma de decisiones porque se puede confundir con falta de nutrición u otro tipo de deficiencia. “Es un hongo que tarda en expresar sus síntomas pero si uno va al manchón y detecta que hay roya es una condición directa para tomar la decisión de aplicar”, advirtió.

La campaña pasada hubo pérdidas que superaron las 3 toneladas por hectárea a causa de este patógeno.

La campaña pasada hubo pérdidas que superaron las 3 toneladas por hectárea a causa de este patógeno.

La campaña pasada obligó a hacer dos aplicaciones de fungicida: una por roya amarilla y la segunda por roya naranja, negra o manchas foliares.

Para evitar que se agrave el problema, Carmona considera que “en trigo el productor tiene que aprender a monitorear temprano por roya amarilla y más tarde por roya negra”.

También manifestó que una de las llaves para la proliferación del patógeno son las variedades susceptibles “un componente fundamental para que se exprese una epidemia de esa forma”. Además, con las condiciones climáticas de situaciones de humedad, puede que haya riesgo de nuevos ataques.

Un trabajo de la cátedra de Fitopatología de la Fauba, que se realizó junto con el Centro Internacional de Roya de Dinamarca, demostró que la raza de roya predominante en Argentina viene adaptada del norte de Africa. “Por eso no tiene problemas de temperatura para crecer, antes se pensaba que solo era posible con temperatura fresca”, recordó el fitopatólogo.

Al referirse a las soluciones, Carmona dice que “son fáciles” porque “con una mezcla de estrobirulina y triazoles ya es suficiente para contrarrestar los efectos de este hongo y sirve además para controlar otras manchas en los 20 días posteriores a la aplicación”.

Clarín rural