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A monitorear: se complejiza el manejo de enfermedades en maíz

Roya común y polisora, tizón común, cercosporiosos, bacteriosis foliares, mancha blanca y ocular, mildiu, molicutes, nematodos. También pudriciones de raíz y base de tallo, y de espiga. El nomenclador de las enfermedades que afectan al cultivo de maíz en Argentina es cada vez más amplio y variado.

Y también, cada vez más complejo de abordar, debido a que la importancia de estas enfermedades varía año a año y de región a región, de acuerdo con las condiciones ambientales y de la susceptibilidad de los materiales sembrados.

Por todo ello, el manejo de enfermedades en este cereal fue uno de los temas sobresalientes de la 15° Jornada Nacional de Monitoreo de Malezas, Plagas y Enfermedades organizada por el Grupo Halcón en el centro de congresos y convenciones del Quórum Hotel de la ciudad de Córdoba.

La adopción generalizada de la siembra directa y la inclusión cada vez más alta del maíz en la rotación son algunas de las prácticas agronómicas que han contribuido a esta tendencia en ascenso de las enfermedades.

“Nuevas estrategias para el manejo de enfermedades de maíz”, fue el título de la conferencia que brindó al respecto Roberto De Rossi, experto del Laboratorio de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba (UCC).

Desde su punto de vista, la aparición de cada vez más patógenos que afectan al cereal obliga a un enfoque integral y a la necesidad de repensar el modo actual de producción agrícola en el país.

En crecimiento

Para De Rossi, es un momento clave para reformular el manejo de enfermedades teniendo en cuenta el fuerte crecimiento que ha tenido la producción maicera, pero que a la vez estuvo acompañado de una proliferación cada vez más grande de patologías detectadas en hojas, tallos, espigas y raíces.

“El desarrollo de estas enfermedades ha seguido una estrecha relación a la evolución del sistema productivo en el país. Modificaciones que procuran estabilidad y aumento de la productividad, también terminan siendo causantes de estas variaciones en las patologías registradas”, señaló De Rossi.

En este sentido, enumeró algunas de las prácticas agronómicas que han contribuido a esta tendencia en ascenso de las enfermedades, como la adopción generalizada de la siembra directa y la inclusión cada vez más alta del maíz en la rotación.

También mencionó como un factor clave, que se usan en mayor proporción materiales “templados” que son más sensibles a enfermedades que los tropicales, la generación de “puentes verdes” por la ampliación de zonas y fechas en las que se implanta el cultivo; y los bajos niveles de monitoreo.

Asimismo, influye la elección de híbridos que no son genéticamente los mejores para los lugares en los que se siembran, y el ascenso de la tendencia a escoger fechas tardías de implantación, que no se acompaña con una fertilización acorde.

Monitoreo en tiempo real

En este contexto, De Rossi recordó algunas pautas básicas que hay que seguir para reducir los riesgos de enfermedades, como la selección de variedades tolerantes y resistentes, la utilización de semillas con tratamiento de fungicida, la elección de fechas de siembra que evadan condiciones ambientales predisponentes a enfermedades, y la rotación y fertilización de cultivos.

Pero hizo especial hincapié en ejecutar monitoreos frecuentes tanto de las plantas como de las condiciones ambientales, para decidir correctamente la aplicación de fungicidas y, por ejemplo, no llegar tarde con los tratamientos.

En tal sentido, recomendó apoyarse en el uso de tecnologías. “Hoy es posible el monitoreo de variables en tiempo real y se pueden solapar distintas capas de información que hacen más sencilla y rápida la toma de decisiones”, enfatizó De Rossi.

Y agregó: “Se están formando permanentemente equipos multidisciplinarios, con expertos en biotecnología, que generan herramientas de modelización, información y programación a partir de conocimientos sobre sanidad de cultivos”.

Para el especialista en fitopatología, una máxima que hay que recordar es que mejorar el manejo no sólo contribuye en el corto plazo, a proteger a los lotes de los patógenos; sino también en el largo, para hacer más duradera la resistencia genética que poseen los materiales.

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